La tundra

llanura inhóspita

Subiendo la taiga encontramos la tundra. Un paisaje llano y sin árboles. Un grupo de renos salvajes se hace visible a cientos de metros por la ausencia de bosques. No toleran demasiado la presencia del hombre y no dudan en salir al trote cuando detectan que se les observa.

La llanura se hace más interesante cuando una cordillera rompe la horizontalidad con una textura vertical de otra gama tonal. El paisaje nevado de la tundra es como un desierto ártico de bonitos contrastes entre blancos y negros.

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